martes, 16 de diciembre de 2008

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Mi aventura de ser docente

Podría decir que como toda persona me cuestioné varias veces buscando en mi etapa formativa el qué ser en la vida como persona productiva, es decir la profesión a la que me dedicaría, a lo que más me gustaría ser y la respuesta aparentemente llegó pronto, pero mas bien, no fue directamente la carrera que yo elegí estudiar que fue Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en el IPN, aunque de cierto modo está ligada a lo que en realidad fue mi mayor aventura, la de ser docente.
Recuerdo que de chiquillo en el año de 1961 cuando yo estudiaba el tercero de primaria mi padre me regaló un pizarrón que fue para mi un extraordinario material didáctico, semejante en nuestros tiempos a que a un niño le regalaran una PC con Internet, entonces en aquellos tiempos yo podía reproducir la clase del profesor en mi pizarrón y explicarles las tareas, generalmente operaciones aritméticas a mis amigos desde mi casa transportando conocimientos de la casa, actividad que he practicado prácticamente desde ese entonces hasta hoy en día.
Al término de mis estudios de ingeniería trabajé solo 9 en 2 empresas industriales donde obtuve experiencia, en ambas enfrentándome al inconveniente de no estar desarrollado en el aspecto motriz para la reparación e instalación de equipos, eso no era mi fuerte. Afortunadamente tuve en Honneywell de computadoras al Ing. Morales como jefe quien un día me orientó diciéndome que yo debería explotar mis potenciales y que sobre ello dedicarme, por lo que recobré confianza y no tardó tiempo en que ingresé a la docencia en 1975 a la ESIME Culhuacán del IPN, mi alma Mater, donde inicié mi aventura de ser docente, sintiéndome como pez en el agua, impartiendo clases en las áreas de mi dominio y que me gustan como son las Matemáticas, Física y Electrónica. También yo agradezco además de mis padres que me apoyaron a mi formación, a mis maestros que tuve en la primaria, secundaria, vocacional y la superior, la mayoría de ellos fueron para mi de gran ejemplo, también a un gran amigo que lo recuerdo siempre, a los papás de mi mejor amigo de estudios en la vocacional y la superior Emilio, Don Daniel Castro y doña Eulalia Dupeyrón, quienes siempre me motivaron diciéndome que yo tenía virtudes y carisma de profesor y creo que nunca los defraudaré.

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